27 junio 2006

"ESPAÑOLES MALOS, INDÍGENAS BUENOS"

Por Arturo Gómez
"Los españoles nos conquistaron".
"Los españoles eran ignorantes y delincuentes, eran la escoria de Europa".
"Se burlan de nosotros porque nos conquistó un criador de chanchos".

Estas son algunas frases que tienen arraigadas en la mente la mayor parte de los jóvenes que terminan la "educación" secundaria en nuestro país. Incluso, son "verdades" generalizadas entre muchos peruanos de nivel profesional. Hasta cuándo.

En estas líneas quiero compartir algunas ideas que espero motiven sus reflexiones y comentarios. En primer lugar, los españoles no nos conquistaron a los peruanos, sino a los indígenas del Tahuantinsuyo. Nosotros somos descendientes de los indígenas, pero también de "esos" españoles conquistadores. Nuestro amado Perú y los peruanos no existiríamos sino hubieran llegado los hispanos. Mal se hace al lamentar la llegada de las huestes pizarristas, pues ese hecho posibilitó el nacimiento -muy doloroso, por cierto- de nuestro Perú.

Para revalorar nuestra ascendencia andina, no es necesario esforzarse en denigrar a nuestros antepasados ibéricos. Nuestro país es en esencia multiétnico y pluricultural. Reivindicar la peruanidad pasa por valorar la cultura indígena, mestiza y también la hispánica, sin excluir sus otros componentes.

En la enseñanza de historia peruana hay mucho de prejuicio y poco de objetividad, prima la emoción sobre la serenidad, es por eso que la mayor parte de estudiantes egresa idealizando al Tahuantinsuyo, al cual investigaron poco o nada. Se cree que en el incanato reinaba la justicia, la igualdad y la paz social. Y no fue así. Por ejemplo, así como en España del siglo XVI, en el Imperio Incaico solo las élites tenían acceso a la educación oficial. En los yachayhuasis se impartía educación exclusiva para la nobleza cusqueña y regional; los runacunas debían ser pastores, agricultores o artesanos sin acceder a mayor preparación o a los cargos importantes en el Estado.

Así como los españoles cometieron crueldades en sus guerras de conquista, los incas arrasaron violentamente muchas aldeas chancas, collas, huancas y chimús -entre otras etnias- cuando no se sometían a sus designios imperialistas. Aunque no se quiera recordar, en gran parte las maravillas en arquitectura y orfebrería del Cusco provenian de la fuerza de trabajo y el botín proveniente de los pueblos conquistados.

Achacar todos los males y vicios a los españoles, y para los indígenas recordar solo las virtudes, es deformar peligrosamente nuestra historia. Es faltar a la verdad y caer en el facilismo maniqueista. Analizar los hechos en su contexto, explicar sus reales causas y reflexionar desde diferentes ángulos son condiciones necesarias para forjar la tan anhelada identidad de nación que aún nos falta.

Finalmente, me pregunto si es positivo denigrar a Francisco Pizarro por haber sido en su niñez y juventud "un pastor de chanchos". El historiador Antonio del Busto, niega esta versión de la biografía del Adelantado y Gobernador. En todo caso pregunto: ¿Es vergonzante haber trabajado como pastor en el campo?. ¿Es indigno ser campesino y ganarse la vida en las duras faenas del pastoreo?. Curiosamente, muchos "indigenistas" denotan menosprecio a los pastores pobres, con la mentalidad de los más orgullosos aristócratas de la etapa colonial.

Tengamos más cuidado al relatar y explicar nuestro pasado. Hagámoslo con serenidad y objetividad. Reivindiquemos ante el mundo nuestro origen indígena, pero también el ingrediente hispano-latino, al cual hay que estudiar y reconocer sus importantes logros y aportes culturales. También nos podemos sentir orgullosos de ellos. De otra manera las nuevas generaciones seguirán repitiendo que "mejor nos hubieran conquistado los ingleses" (sic), lo que equivale a decir: mejor no existiriamos los peruanos.

25 junio 2006

PROFESORES CON BLOGS

Por Arturo Gómez
El uso de bitácoras o blogs se incrementa aceleradamente entre los profesionales y estudiantes del Perú. Personas de diversas especialidades utilizan estas páginas personales para dar a conocer información, opiniones y novedades en general.

Sin embargo, preocupa que aún sean pocos los profesores de Ciencias Sociales que utilizan esta tecnología. Dos de los más importantes blogs en la actualidad son
TERRAE ANTIQVAE del arqueólogo español José Santos Fernández y EL REPORTERO DE LA HISTORIA del historiador y periodista peruano Jorge Moreno Matos. Son páginas muy útiles para estudiantes, profesores e investigadores, con contenidos actualizados y motivadores. Ojalá más docentes sigan el camino trazado por ambos colegas.

En ese sentido felicitamos a Henry Zapata Palomino, reconocido profesor de Historia del Perú, autor de bitácoras con importantes temas de nuestro pasado como
EL ONCENIO DE LEGUÍA y LA PRIMAVERA DEMOCRÁTICA. De la misma manera saludamos la inauguración del blog del profesor Álex Murazzo Vásquez titulado SUCESOS HISTÓRICOS, dedicado a la difusión de documentos fundamentales de la independencia del Perú.

La creación y difusión de páginas de contenido educativo y cutural es una necesidad urgente en nuestro país. El ciberespacio debe ofrecer a nuestros estudiantes mucho más que juegos y chat. El blog debe convertirse en un imprescindible instrumento del quehacer educativo nacional, pues su uso es sencillo, divertido y, sobretodo, democrático. No desaprovechemos la oportunidad de informar, opinar e interactuar en el fascinante mundo de la blogósfera.

Los colegas que desean incursionar en el uso de los blogs solo deben ingresar a
www.blogspot.com o www.bitacoras.com; en menos de 5 minutos tendrán su propia página con un nuevo mundo para descubrir y participar. Es una experiencia enriquecedora y gratificante. Anímense.

16 junio 2006

HISTORIA DEL HIMNO NACIONAL DEL PERÚ

Por Alex Murazzo Vásquez

“Todo lo que fuera establecido por mí se considerará sólo provisional” Don José de San Martín

“Pobre aristocracia colonial, pobre boba nobleza limeña, incapaz de toda idea y de todo esfuerzo” José de la Riva Agüero

Ya que se acercan las fiestas patrias, vamos a analizar la letra del Himno Nacional, aquel que llevamos cantando en cada ceremonia especial o acto público oficial hace más de 93 años. Para ello ajustándome rigurosamente a los sucesos históricos intentaré presentar los hechos desde su creación hasta las modificaciones o variaciones que se acuñaron con el tiempo.


Luego de la reunión que sostuviera el virrey de facto La Serna con San Martín -tras mediación del comisario regio Manuel Abreu- sorpresivamente el general realista abandona Lima y se dirige a la sierra sur, donde el ejército español había conseguido sólo victorias; el mismo virrey La Serna, antes de retirarse, invitó a San Martín a entrar en Lima pues era el único que podría evitar un ataque contundente de “las montoneras” contra la capital. San Martín dio orden, a las montoneras lideradas por el español patriota Álvarez de Arenales, de no poner resistencia y permitir el retiro del Virrey. De esta manera San Martín ingresó a Lima el 12 julio de 1821 siendo recibido con gran algarabía por el pueblo; el 15 de julio promulgaría la independencia en cabildo abierto y el 28 de julio en las diferentes plazas de la capital –Plaza Mayor, La Merced, Santa Ana y la Plaza de la Inquisición- . El arribo de la corriente libertadora del sur a Lima generó en la aristocracia limeña sentimientos “ambiguos”. Como bien apunta Jhon Lynch, los patriotas y los realistas por igual veían en San Martín el líder que los protegería del desorden social; después de la marcha del virrey, la aristocracia limeña invitó al libertador a tomar posesión prontamente de la capital, ante el temor por la insurrección de las clases populares. La aristocracia no sólo temía a los esclavos, con mayor razón debía temer a los indios armados que rodeaban Lima, claro, bajo las órdenes de los oficiales de San Martín, pero indios al fin y al cabo. Fueron precisamente estos “criollos, notables vecinos de la ciudad” los que firmaron el acta de la independencia y terminaron nombrando a San Martín Protector de la Independencia del Perú. Entre los firmantes se distingue el nombre de José De La Torre Ugarte de cuya inspiración se produjo la letra del Himno Nacional.

En muchos trabajos historiográficos, no se ha tomado en cuenta la participación activa de las clases populares apoyando al ejército libertador. Centenares de indígenas, en la sierra, apoyaron heróicamente a las tropas lideradas por Arenales, defendían la causa con hondas o sus mismas herramientas de labranza, ya que no se disponía de suficientes armas o tal vez suficiente confianza como para poder proveer a estos grupos de una mejor condición de defensa y una mayor oportunidad en combate. A pesar de las limitaciones bélicas, la incursión de Arenales fue exitosa; la sierra de Arequipa, Huancavelica, Junín, Tarma, y Cerro de Pasco fueron testigos mudos de la participación decidida de la masa campesina de luchar por una causa justa “terminar con la opresión española”. Fue el general realista José Carratalá, el encargado de frenar el avance de las montoneras en la zona de Huamanga, aquí emergen las figuras heroicas como son: Maria Parado de Bellido, Cayetano Quiroz, el Indio Velasco, entre otros. Pero no sólo fueron indígenas los que apoyaron la causa de la independencia, también se unieron a las tropas patriotas esclavos, mestizos y criollos marginados por el sistema colonial.

El 7 de Agosto de 1821, el protector, considerando que era necesaria la adopción de una “Marcha Nacional” en el Perú, convoca a un concurso público. Respecto al concurso, es importante aclarar que no se emitió ninguna publicación oficial donde se definieran las bases del mismo, ni siquiera puede hallarse testimonio de la convocatoria en “la Gaceta del Gobierno” periódico oficial del protectorado.

José De La Torre Ugarte (letra) y Bernardo Alcedo (música) fueron los ganadores del concurso. El Himno Nacional recibió reconocimiento oficial por ley del 15 de abril de 1822. Hasta donde he revisado –y si algún colega tiene información hacerla llegar- la letra del Himno no llegó a publicarse oficialmente, la única publicación de la cual se tiene cuenta es el libro escrito por Bernardo Alcedo “Filosofía Elemental de la Música” publicado en Lima 1869. Las notas del Himno Nacional se entonaron por primera vez el 23 de setiembre de 1821 con motivo de la celebración de la entrega del Real Felipe por parte de José La Mar.

De la Torre Ugarte, abogado, con estudios en San Marcos, fue un leal colaborador de San Martín, también fue colaborador de Riva Agüero como oficial mayor del ministerio de Guerra y Marina, auditor de guerra en 1827 y finalmente vocal de la corte superior de La Libertad en 1830, muere en Trujillo el 1 de setiembre 1831 desempeñando este importante cargo. Escribió algunas canciones populares como “La Chicha” a la cual Alcedo le puso música y que era fervorosamente cantada durante el gobierno de San Martín. Bernardo Alcedo por su parte, desde niño se dedicó a la música, fue instruido por maestros religiosos de San Agustín y Santo Domingo, vivió mucho tiempo en Chile hasta 1864 que regresó definitivamente a su patria. Participó en las dos campañas a puertos intermedios. En 1869 publicó en Lima el libro “Filosofía elemental de la música”. Fue miembro de la sociedad Fundadores de la Independencia, presidente vitalicio honorario de la sociedad Filarmónica de Lima y director general de las bandas de música del ejército, falleció en Lima el 28 de diciembre de 1878. Como vemos, ambos personajes estuvieron muy vinculados al fenómeno independentista. Es precisamente en su obra “Filosofía elemental de la música”, donde Bernardo Alcedo denuncia las variaciones sufridas por el himno nacional y que distaban del himno original. Bernardo explica que desde la década del 40 del siglo XIX (anarquía militar) la estrofa “largo tiempo el peruano oprimido…” fue añadida como parte del himno. Es precisamente en el mismo libro donde Bernardo presenta una copia que guardaba de la composición del doctor De la Torre Ugarte, proponiendo que se haga la corrección. Esta estrofa siguió cantándose hasta el día de hoy, aunque en el discurrir histórico muchos historiadores, poetas e intelectuales se han pronunciado al respecto definiéndose dos corrientes: aquellos que plantean anular la estrofa apócrifa volviendo a la original que escribiera de la Torre Ugarte y por otro lado aquellos que plantean la permanencia del himno nacional actual, respaldados en la tradición. Para definir nuestra posición debemos tomar en cuenta datos adicionales.

La letra que escribiera el doctor José de la Torre Ugarte como “Marcha Nacional”, ha enfrentado diversas críticas. Por los años de 1870, se formó en Lima, el Club Literario con la mejor gente de la segunda generación liberal de su época, entre los cuales estaba el gran poeta Luís Benjamín Cisneros y el gran historiador y hombre de ciencia en el Perú don Eugenio Larraín de Huánuco, jóvenes a la sazón, preocupados precisamente por la mala calidad de los versos de De La Torre Ugarte, aunque no es la calidad del verso lo que le da forma ni calidad al himno, sino la expresión que este hace del alma nacional; ambos literatos ilustres, proponen al Club Literario que se haga una revisión y que se cambie definitivamente esta letra. El Club Literario aprueba el estudio de una nueva letra con el objeto de sustituir a la tradicional, aunque con carta del 15 del de junio de 1874 Benjamín Cisneros y don Eugenio Larraín desisten de dicha propuesta, pero el debate quedó abierto.
A inicios del siglo XX el presidente Eduardo López de Romaña convoca a concurso para cambiar la letra del himno nacional, el ganador fue el poeta José Santos Chocano. El motivo fundamental del cambio de letra era su antihispanismo ya que por entonces el Perú estaba en paz y gran amistad con España, habiendo aceptado S.M el Rey ser árbitro en su ligio territorial con Ecuador. La convocatoria al concurso dio lugar a múltiples discusiones y el nombramiento del jurado dictaminador, uno de sus miembros resultó ser el tradicionalista Ricardo Palma quien estuvo de acuerdo con el cambio de las estrofas excepto el coro. Santos Chocano, con el seudónimo de Improntu, ganó el concurso, aunque no se expidió una resolución suprema que oficializara el nuevo Himno, ni se cumplió con el premio “una medalla de oro”, lo cierto es que la nueva letra fue cantada en los colegios hasta 1912. Entre los que fueron niños entonces encontramos al ilustre Luis Alberto Sánchez quien en un articulo publicado en el diario la prensa (03 de marzo de1974) se recuerda entonando las estrofas del nuevo himno. El presidente Billingursth, el 26 de febrero de 1813, promulga el decreto ley Nº 1801 en la cual declara oficial e intangible, el himno nacional letra de don José de la Torre Ugarte y música de Don Bernardo Alcedo y adoptado por el supremo gobierno en 1821. Cuando se consigna la letra del himno aparece una estrofa que no corresponde al puño del doctor De La Torre Ugarte aquella que dice “Largo tiempo el peruano oprimido, la ominosa cadena arrastró…”. Según algunos estudios que he tenido oportunidad de revisar, como es la investigación de Jorge Raygada, trabajo prologado por Jorge Basadre, encontramos que la estrofa consignada como apócrifa “largo tiempo el peruano oprimido:..” y que para algunos historiadores es denigrante y no se ajusta a la verdad histórica, era cantada por negros en Lima antes del ingreso de San Martín y fue conocida como la primera canción patriótica. Esta “primera canción patriótica” fue entonada en el momento en que se produce la marcha de los realistas encabezados por Canterac, que bajan de las alturas de la sierra y ocupan la plaza del Callao, frente a la amenaza de Canterac, estando reunidos en el Teatro principal - hoy Teatro Segura- los distinguidos representantes de la sociedad limeña, aparece improvisadamente San Martín y anuncia el riesgo que enfrenta la capital; ante la noticia la multitud que llena el teatro se levanta e inmediatamente y entona espontáneamente la primera canción nacional, "Largo tiempo el peruano oprimido…".
Como vemos han sido múltiples intelectuales, quienes a través del tiempo han cuestionado la letra de don De La Torre Ugarte. Pero la letra de un Himno responde a un momento, a una coyuntura en la cual el sentir de los actores involucrados se ven representados. La estrofa “largo tiempo el peruano oprimido” fue un cántico patriota, entonado generalmente por las clases populares, que responde al sentir de una época, inclusive antes de cantar oficialmente el himno de don José De La Torre Ugarte ya se entonaba “largo tiempo….”. Esta estrofa esta relacionada a los grupos populares, sector que masivamente apoyaron a las tropas independentistas e hizo lo que la débil, taciturna y tibia aristocracia limeña no se atrevió.

Se ha mencionado entre quienes pretenden eliminar la estrofa “apócrifa” que esta hace alusión a que no hubo rebeldía frente al invasor, hecho que esta descartado por cientos de rebeliones y movimientos indígenas que se produjeron en 280 años de explotación, desde los generales atahualpistas quiteños hasta el apoyo recibido por los libertadores de las masas indígenas en pleno siglo XIX; pero en conjunto la situación colonial sí fue la de un gemido permanente, gemido que era la expresión de dolor de un pueblo que se sentía postergado y sometido por una dominación extranjera y que levanta la cabeza, entonces, después de largo tiempo para proclamar la libertad que ha llegado a sus costas en manos de San Martín. Esta podría ser la interpretación del "largo tiempo el peruano oprimido" que hemos cantado desde el colegio y que han cantado -y eso es lo más importante- no solo las generaciones presentes sino todas las generaciones del Perú desde 1821. Además, el Himno Nacional tal cual lo percibimos hoy está arraigado en la tradición popular, como ya hemos dicho un himno refleja la realidad de un momento y en el momento de su creación existía la euforia de la victoria lograda en la guerra de la independencia. Es así que temas como la esclavitud, el sufrimiento de la opresión, problemas sociales resueltos mucho después se explican por su contexto temporal, que siempre es cambiante y que, por tanto, no puede suscitar la modificación del contenido del himno una y otra vez. El poeta y catedrático Marco Martos, para quien la tradición también es una fuente válida. Nos dice:"No interesa tanto quién la creó. La historia ha demostrado que hubo muchas versiones que no prosperaron porque la tradición popular se impuso. Es como cambiar el nombre a una calle. Aún cuando en los mapas y carteles aparezca el nombre nuevo, la gente la seguirá llamando de la anterior manera". Por ello, no importa cuantos himnos oficiales haya tenido el Perú; sino, cuanta fuerza ha tenido la tradición popular para mantener vigente hasta hoy el que ha sido nuestro único y verdadero himno nacional.

Alex Murazzo Vásquez

13 junio 2006

ALAN GARCÍA Y NICOLÁS DE PIÉROLA

Por Arturo Gómez
El último sábado, Alan García Pérez declaró a The Washington Post: "Nosotros tuvimos un presidente llamado Nicolás de Piérola, que realizó un primer gobierno desastroso justo en medio de una terrible guerra con Chile, y debió huir del país. Pero 20 años después regresó y encabezó el que se ha reconocido como uno de los mejores gobiernos de nuestra historia. Espero que el de Alan García sea recordado como el segundo gobierno de Piérola." (La República: 11-06-2006)

Antes de la primera vuelta, un colega simpatizante del APRA me había advertido las semejanzas entre García y Piérola. Recuerdo que nos anunció su voto por el líder aprista confiando en que sea un "nuevo Piérola" que tuvo un "malísimo primer gobierno" (1879-1881) y "se reivindicó en su segunda oportunidad" (1895-1899).

En verdad el parangón es inevitable. Ambos presidentes iniciaron su primer gobierno en un contexto de déficit fiscal, agobiante deuda externa y en medio de infaustas guerras que desangraron y empobrecieron aún más al país: Piérola, durante la guerra con Chile; García, en la guerra contra Sendero Luminoso y el MRTA. Asimismo, ambos jefes de estado empeoraron la situación con sus políticas personalistas y errados manejos económicos.

Ahora, si bien es cierto que el segundo mandato de Piérola se caracterizó por una bonanza económica y la estabilidad política, esto no es gran mérito suyo ni de su Partido Demócrata. El caudillo arequipeño inició su segundo gobierno cuando la exportación de materias primas se diversificó (caucho, cobre, petróleo, azúcar, algodón y lana), y se multiplicó con altísimos precios en el mercado internacional. Este auge favoreció en realidad a una renovada oligarquía peruana asociada al gran capital financiero inglés. Piérola hizo poco a favor de los sectores popuares, incluso varias de sus medidas (el Estanco de la Sal, por ejemplo) provocaron diversas rebeliones en la sierra sur del país (sobretodo en Ayacucho) . Una vez más el crecimiento macroeconómico del país solo favoreció al Perú oficial, postergándose las esperanzas del Perú real. Los historiadores consideran al segundo periodo pierolista como el inicio de la República Aristocrática u Oligárquica, que caracterizó las primeras décadas del siglo XX.

El señor García Pérez debe repasar mejor nuestra historia. Cree que el segundo gobierno pierolista es "uno de los mejores de la historia", pero esto fue así solo para la oligarquía agroexportadora, la burguesía limeña, el capital imperialista y el gamonalismo serrano: el Perú oficial. No para las grandes mayorías populares (comunidades indígenas, yanaconas y proletariado urbano y rural), a las que Piérola decepcionó en sus dos gobiernos.

García sabe de la responsabilidad histórica que tiene ante el país. Recibe el país con cifras macroeconómicas positivas, alentadas por el despegue exportador. Su régimen debe impulsar el desarrollo socio económico y cultural de la clase media y los pobres del Perú; no solo de los grupos de poder, como en el segundo gobierno de Piérola. Que después de García no venga una nueva República Aristocrática, sino una república cada vez más democrática. Si él y su partido contribuyen a ello, entonces sí podrán reclamar el "perfume perenne de la historia".

10 junio 2006

FRANCISCO BOLOGNESI: ¿héroe derrotado y egoista?

Por Arturo Gómez
Desde 1998, en que incursioné en la enseñanza preuniversitaria comenzé a escuchar, en tertulias con diferentes colegas, algunas versiones supuestamente críticas sobre diversos personajes y episodios de nuestra historia como país. La última vez fue el martes pasado, en que en una reunión de plana (profesores del mismo curso de una institución) un joven colega y amigo relató la exposición que hizo con motivo del Día de la Bandera ante los alumnos y directivos de un colegio donde enseña. Habló de lo absurdo que es homenajear a Francisco Bolognesi porque era un "héroe derrotado" y que solo habría que recordar a los héroes que nos han dado victorias. Además, mencionaba que el héroe de Arica era un ejemplo de que solo se valora a los blancos, criollos o extranjeros, y no a los héroes indígenas, cholos o afroperuanos. Otro punto abordado es el hecho de que Bolognesi defendió solo sus intereses, porque supuestamente tenía propiedades salitreras en Tarapáca y Arica.

Debo anotar que estos tres cuestionamientos -héroe derrotado, blanco y egoista- también son utilizados para denigrar a Miguel Grau y Alfonso Ugarte, al parecer desde la década del setenta, cuando el gobierno militar promovió la reivindicación de lo andino y autóctono, con fines de propaganda supuestamente revolucionaria. El discurso seudo indigenista fue llevado a las aulas y academias por docentes de izquierda que creyeron que se debía atacar a los "héroes de la oligarquía criolla" para rescatar del olvido lo indígena y mestizo. En los ochenta y noventa esta visión se generalizó, convirtiéndose en parte de un libreto ideológizado sin mayor fundamento.

Aquel día, en plana, no pudimos conversar más sobre el tema, pero le prometí a mi buen amigo escribir sobre el asunto. Con el ánimo de generar un espacio público de discusión y aprendizaje, expondré algunos datos, preguntas y opiniones sobre el tema.

En primer lugar no podemos etiquetar a Bolognesi como un hombre derrotado. En su hoja de vida se encuentran muchas victorias militares y morales. Nuestro personaje ingresó al ejército voluntariamente en 1853 cuando el Perú estuvo a punto de entrar en guerra con Bolivia. Combatió en la Revolución Liberal de Ramón Castilla y estuvo entre los vencedores de la batalla de la Palma que derrocó al corrupto régimen del general Echenique. Defendió la Constitución Liberal de 1856 luchando en Arequipa contra el rebelde general conservador Manuel Ignacio de Vivanco. En 1858 defendió la soberanía nacional acompañando a Ramón Castilla en el conflicto con Ecuador. Al producirse la agresión española de 1865, el presidente Juan Antonio Pezet le confió la misión de adquirir cañones en Europa, los mismos que contribuyeron a la defensa del Callao en el combate del 2 de mayo de 1866. Al estallar la guerra con Chile se le confió el mando de la II División del Sur y tuvo destacada participación en las batallas de San Francisco y Tarapacá. Luego se le encargó la comandancia general de Arica, cumpliendo esa misión murió luchando aquel 7 de junio de 1880. ¿Es Bolognesi un símbolo de la derrota? ¿Mérece su memoria el escarnio y la calumnia? ¿Qué tenga antepasados italianos y españoles lo menoscaba como peruano?.

Por otra parte, hasta donde sé, Bolognesi no tenía yacimientos ni oficinas salitreras en el sur del país. Decir que solo peleó para defender sus negocios es un fácil infundio sin ninguna prueba. En todo caso pedimos a quienes conocen bibliografía o documentación sobre los "negocios salitreros" del Héroe de Arica, tenga a bien referirlos en los comentarios. Pienso que en este dato se ha confundido a Francisco Bolognesi con Alfonso Ugarte, quien sí era exportador de nitratos en Iquique. Sin embargo me pregunto: ¿ser comerciante y exportador es un demérito que inhabilite a un peruano para luchar contra el invasor chileno?.

En verdad circula en nuestras instituciones educativas y ambiente cultural mucha "leyenda negra" contra diversos símbolos de la resistencia peruana. La mayor parte de los infundios tienen su origen en el país del sur, y son tomados "de oídas" y difundidas en nuestro propio país, disfrazándose de visión crítica que sorprende a los estudiantes poco informados.

08 junio 2006

PERIODISTAS DESAPRUEBAN HISTORIA

Por Arturo Gómez
El día lunes 5, en la sección OPINIÓN del diario La República, el colaborador Alberto Massa, escribió: "Alan García pasó a la historia con Fernando Belaunde, Nicolás de Piérola y Manuel Prado, todos ganaron dos elecciones y gobernaron dos periodos." Es necesario hacer la siguiente aclaración: Nicolás de Piérola sí gobernó dos veces, pero en la primera tomó el poder por golpe de estado (derrocando a Luis La Puerta en 1879); no fue ganando las elecciones.

Hoy, en el mismo diario, el habitual columnista que firma como EL OFIDIO, escribiendo sobre los peores gobiernos de nuestra historia, anota que el presidente Andrés Avelino Cáceres fue "expulsado a balazos de Palacio de Gobierno tras la firma del contrato Grace". Mal, señor Ofidio. Cáceres firmó ese discutido contrato en 1889 y completó su primer gobierno constitucional (1886-1890). Fue recién en 1894 -al iniciar su segundo periodo- cuando Piérola y sus montoneros se sublevan, pero por la reelección fraudulenta del Brujo de los Andes, no por el contrato Grace. A leer a Basadre.

06 junio 2006

BAJOS INSTINTOS: política y nacionalismo en el Perú del nuevo milenio.

Por Renato Merino Solari
La historia sucede como tragedia y se repite como comedia.
Hegel


Debo comenzar realizando algunas precisiones para que se entienda mejor la razón y el sentido del presente texto. Estas líneas son escritas motivadas por el recibo de tres correos electrónicos conteniendo propaganda en favor del partido aprista y denostando del nacionalismo de Unión por el Perú. El afán propagandístico no me parece inapropiado pues nos encontramos en plena contienda electoral; de igual forma no me preocupa mayormente la opción política que explicitan los correos, pues considero que votar por el APRA es una opción válida que permite el sistema democrático y cada uno tiene derecho a elegir dentro de este marco. Lo que me pareció significativo fueron los argumentos expuestos en los correos, pues expresaban de forma prístina las condiciones políticas en la que nos encontramos sumergidos por el proceso electoral en curso con todas sus posibilidades, limitaciones y miserias. Debo aclarar que estas reflexiones no constituyen una respuesta política en el sentido de tomar parte por alguna de las dos opciones que disputan la presidencia del país. Expreso mi decisión de votar viciado, como lo hice en la primera vuelta electoral, en la seguridad que se trata de la mejor decisión posible. Es indudable que no comparto las opiniones de aquellos que anatemizan el voto viciado presentándolo como antidemocrático y perjudicial. La validez del voto viciado es una cuestión normativa pues el reglamento electoral lo establece. De igual forma, se permite el voto en blanco e incluso la ausencia de participar en el proceso pagando una multa. Por lo tanto forman parte del juego democrático; lo otro es ideología pura. Para terminar esta primera parte, no puedo omitir el hecho que las principales ideas expuestas en este texto se respaldan en la teoría política que propone el filósofo esloveno Slavoj Zizek.

En 1930, en medio de una profunda crisis económica y política, Sánchez Cerro destituye a Leguía a través de un golpe de estado. En 1931, buscando controlar el país, se convocan a elecciones en las que Sánchez Cerro - ahora como candidato de la Unión Revolucionaria – derrota por medio del voto popular al fundador del APRA, Haya de la Torre. Estas elecciones resultaron una de las más polémicas de nuestra historia debido a que los apristas denunciaron fraude en favor del candidato de la U.R. Esta actitud de rebeldía ante las elecciones los llevó a proclamar a su líder “Presidente Moral del Perú”.
El APRA había surgido como un movimiento político internacional pero a la vez nacionalista. En el plano interno se trataba de una respuesta a la penetración de los capitales extranjeros que controlaban nuestra economía y desarticulaban los circuitos mercantiles locales y regionales. Haya de la Torre, con un discurso fuertemente nacionalista y una posición antiimperialista, logró aglutinar a los sectores medios desplazados por los capitales extranjeros y a los sectores populares - principalmente urbanos - golpeados por la crisis económica que generó el capitalismo a finales de la década de 1920. Planteaba grandes cambios a partir de una propuesta que se fue articulando en función al rechazo del “imperialismo yanqui”, así como al cuestionamiento del orden oligárquico excluyente y racista . Mientras tanto el “golpista” Sánchez Cerro desde la UR, se alineaba con los intereses de la oligarquía tradicional civilista enunciando –también- un discurso nacionalista que pretendía defender la colectividad, la religión católica y la familia. En este caso la construcción del discurso nacionalista se realizó en función de los peligros que enfrentaba la nación peruana frente a las ideologías extranjeras que postulaban el Apra y el Partido Comunista, así como frente a los profundos cambios que representaban estos grupos, que de acceder al poder estatal, amenazaban trastocar el orden oligárquico y sus valores tradicionales. Finalmente – en el proceso electoral - se impuso la posición conservadora y populista patrocinada por la oligarquía; es decir triunfó el que evidenciaba los mayores argumentos autoritarios y paternalistas: Sánchez Cerro.

En octubre de 1968 el general Velasco Alvarado asaltó la casa de gobierno para destituir al entonces democrático gobernante Belaúnde Terry. Este golpe de estado se produjo en medio de una tormenta política, debido a la renuncia del gabinete ministerial ante el escándalo que generó los acuerdos firmados con la IPC; así como en medio de los fracasos económicos que ostentaba el régimen. De esta manera se dio inicio al denominado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas que duró doce años. Velasco, quien gobernó el Perú de 1968 a 1975, inició un proceso de reformas radicales buscando sacar el país del subdesarrollo. Los militares entendían nuestra dependencia económica como la principal causa del atraso del país. Es necesario recordar que las medidas que tomó Velasco estaban “pagando” una especie de “deuda histórica” dejada como “herencia” por el fracaso de la oligarquía tradicional y de los modernos burgueses encarnados en el proyecto belaundista. No podemos perder de vista que muchos de los principales políticos e intelectuales de la época apoyaron - directa o indirectamente - la dictadura velasquista, cobijándose bajo el manto protector de un gobierno autoritario. El proyecto militar visto en perspectiva diacrónica representó un fracaso; sin embargo, es necesario tomar en cuenta que las reformas iniciadas por Velasco fueron desmontadas a partir de 1975 por su sucesor - el también general - Francisco Morales Bermúdez, cuyo gobierno otorgó mayores espacios para situaciones democráticas siendo influenciado por algunas tendencias liberales. También es necesario señalar que se produjo una crisis capitalista a escala mundial frente a la cual nuestro siempre prístino Estado ostentaba pocas posibilidades. Esto no es una característica privativa del gobierno militar pues diferentes gobiernos civiles y democráticos han colapsado frente a contextos similares. El general Velasco desarrolló un discurso nacionalista que tomó como matriz la reivindicación del campesino. Además evidenció una personalidad fuertemente autoritaria y caudillesca, sin embargo gozó de gran apoyo popular e intelectual. Su discurso nacionalista fue construido como respuesta al poder que ejercían los sectores conservadores de la oligarquía, que marginaban y excluían de las cuotas de poder a los sectores urbano marginales y a las poblaciones indígenas. De igual manera se hizo evidente la necesidad de salvar y ordenar el país frente a los riesgos que la situación del campo generaba. En otros términos, la revolución se encontraba a la “vuelta de la esquina”, por lo tanto era necesario el caudillo providencial que impidiera los excesos que todo orden social puede tolerar. La imagen de hombre fuerte proyectada por Velasco fue muy popular entre la población y su programa nacionalista, colectivista e indigenista fue asumido por los más destacados políticos e intelectuales de la época como la materialización de la utopía republicana. Otra vez el líder autoritario y providencial a la cabeza de un proyecto que construye y defiende la nación.

En la actual coyuntura política, nos encontramos frente a una nueva emergencia del discurso nacionalista como propuesta política, encarnada en el inicialmente exótico Ollanta Humala y luego reivindicada por Alan García. No podemos olvidarnos que durante sus mítines, García señalaba que el partido aprista tenía una larga tradición nacionalista y que él no había descubierto el nacionalismo a los 45 años, en clara alusión a su rival de turno. Por lo tanto, los dos asumieron discursos nacionalistas como ideología política para ganar el apoyo de las mayorías. Ante este “baile con máscaras” la población ha decidido aceptar la invitación, otorgándoles su apoyo con no menos del 46 % de votos que ambos alcanzaron en la primera vuelta electoral. La derrota de Unidad Nacional no es la derrota de Lourdes Flores; sino que, representa el fracaso del modelo político económico neoliberal que durante 16 años ha tenido vigencia y consenso generando expectativas de progreso entre la población. Este modelo neoliberal se sustentó en un discurso de corte cosmopolita, modernizador y liberal, sin embargo la modernidad y el bienestar resultaron fenómenos virtuales para millones de personas que debieron consolarse con esperar el peyorativo “chorreo”. En estas elecciones, la población le dijo NO a este proyecto - país y eligió su negación inherente, es decir el nacionalismo que representan – con matices - tanto Humala como García. El país tomó la decisión fundamental durante la primera elección cuando dejó afuera de la segunda vuelta electoral a Lourdes Flores; por lo tanto los peruanos ya eligieron el rumbo de nuestra sociedad para los próximos años.

La construcción de los discursos nacionalistas siempre se realizan en base a dos elementos: La emergencia del líder autoritario y el Otro. La figura del líder autoritario y providencial emerge especialmente en las coyunturas críticas, en los contextos que se evidencia con mayor fuerza la anomia social, expresando las demandas tanto objetivas como subjetivas de los grupos en conflicto. Al líder autoritario siempre se le exigen dos cosas: orden y protección. Él se debe encargar de lo que las fuerzas democráticas fueron incapaces de alcanzar. Estos personajes se han convertido en figuras emblemáticas de nuestra historia, existiendo la posibilidad que broten desde arriba o desde abajo, y expresan las limitaciones de nuestro sistema de representación política. La relación con el líder autoritario siempre es una vinculación complementaria pero contradictoria que oscila entre el paternalismo y el maltrato. Dentro de esta relación, la población se encuentra dispuesta –con algunos límites - a soportar los excesos del gobernante. Constituye una vinculación patológica en el sentido que se sostiene a partir una estructura artificial, que nos permite satisfacción a partir de la aceptación y el rechazo. Extrapolando contextos podemos compararla con el goce que siente el esclavo por el goce del amo. Consustancial a la figura del caudillo autoritario se construye la imagen del Otro. El Otro es el externo; el que no representa el Nosotros, y lo construimos para otorgarle estructura a nuestra colectividad y sentido al devenir. La ubicación del Otro puede ser tanto interna como externa pues nos configuramos tanto endógena como exógenamente. Es decir puede ser un grupo social visto como marginador y excluyente, un país vecino que amenaza nuestras fronteras, los intereses de los capitales transnacionales que explotan nuestros recursos y fuerza laboral, etc. Se trata del que nos causa daño, nos engaña, se lleva nuestras riquezas, nos deja sin puestos de trabajo, no respeta nuestro territorio, etc. Lo paradójico de esta situación es que lo necesitamos permanentemente, pues gracias al Otro la población se unifica y logra alcanzar fuertes vínculos de solidaridad y autoreconocimiento constituyéndose como Nación. ¿Es posible existir sin el Otro? Esta parece ser la dinámica estructural del capitalismo actual. Dicho en otros términos, la necesidad de universalización que tiene el sistema capitalista como parte de su naturaleza constitutiva, genera sus opuestos inmanentes –los nacionalismos y fundamentalismos-, que lo desgarran periódicamente como una especie de retorno de lo reprimido.

Presentados de esta manera los acontecimientos podemos comprender mejor el momento político que se encuentra atravesando el país. La disyuntiva que se plantea a los peruanos de otorgar sus votos entre Humala y García no resulta tan traumática como algunos expertos señalan. Si consideramos la emergencia de los discursos nacionalistas como intrínsicos al sistema parece ser que estamos periódicamente expuestos a experimentarlos. De igual manera, si gran parte de nuestra población así como muchos de nuestros políticos e intelectuales, se entusiasman con estos “hombres fuertes” la situación parece tener consenso legitimador. Por lo tanto no resulta tan dramática y solo nos hace falta un poco imaginación para no sentirnos tan mal. Al respecto analicemos rápidamente una idea muy difundida en las últimas semanas de la pugna electoral: “entre García y Humala el menos malo es García”. Nos encontramos frente a una palmaria y efectiva construcción ideológica que sublima nuestros deseos. Realmente Alan García no es “el menos malo”; sino el mejor. El país está buscando un amo que simultáneamente nos proteja y nos maltrate. Para ello se necesita elegir al que ostente los mayores méritos en actitudes, gestos y pergaminos autoritarios. En este sentido, García desde su primer mandato (1985 – 1990) hasta su actual campaña electoral, pasando por el soberbio puntapié propinado al señor Lora, ha demostrado gran capacidad y talento como hombre fuerte. La ventaja de García sobre Humala es que ya demostró sus condiciones. Lo irónico de todo esto es que, ya sea por unas botas militares o unos Calimod talla 44, el Perú parece estar dispuesto a terminar como el trasero del señor Lora. Parafraseando a Zizek, podemos señalar que decidir entre García y Humala, es como elegir entre una Coca – cola y una Pepsi – cola; por lo tanto lo único que nos queda es gozar nuestra patología.

Renato Merino Solari.
Antropólogo.

04 junio 2006

HUMALA Y GARCÍA: USANDO LA HISTORIA, PERO SOLO LO QUE CONVIENE.

Por Arturo Gómez Alarcón
Durante su campaña electoral, el candidato Ollanta Humala, para atacar al partido oponente, repitió en varias oportunidades que "el APRA cometió el único magnicidio de la historia del Perú", refiriéndose al asesinato del presidente Sánchez Cerro en 1933. Al parecer el nacionalista no estudió bien la historia nacional o solo recuerda lo que le conviene. Lo cierto es que en nuestra vida republicana hubo dos magnicidios más.

En 1872 el sargento Narciso Najar disparó y mató al presidente constitucional José Balta, por orden de los hermanos Gutierrez, unos caudillos golpistas que fueron rechazados y ajusticiados por los limeños pocas horas después de su crimen. Seis años después, otro militar, Melchor Montoya, asesinó a balazos a Manuel Pardo y Lavalle, presidente del Perú entre 1872 y 1876, y presidente del Senado al momento de su muerte.

Por otro lado, Alan García en su mitin de cierre de campaña mencionó que los hermanos Tomás, Silvestre, Marcelino y Marceliano Gutierrez, golpistas de 1872, terminaron colgados de las torres de la Catedral de Lima. Sin embargo, hay que precisar que Marcelino Gutierrez logró salvarse de la furia popular, y que solo Tomás y Silvestre fueron colgados.
En el mismo discurso, el candidato aprista recordó que Miguel Grau se opuso a los hermanos rebeldes dando ejemplo de civismo democrático, pero olvidó que el mismo marino secundó la sublevación del general Manuel Ignacio de Vivanco contra el gobierno constitucional de Ramón Castilla.

Cómo siempre, los políticos sesgando o manipulando la historia según sus intereses; sin embargo, es sorprendente que en los medios de comunicación ningún periodista haya hecho las aclaraciones del caso.

Un conocimiento objetivo de la historia del Perú y del mundo haría de los votantes, mejores ciudadanos: menos manipulables, más responsables. Lamentablemente, desde la década fujimorista, en las currículas de educación secundaria y superior se ha disminuido gravemente sus horas de estudio. En algunas universidades se ha llegado al extremo de eliminar cursos como Historia del Perú, Historia Universal, Geografía, Educación Cívica y Psicología en sus exámenes de admisión.

Urge revertir esta preocupante situación, no olvidemos que el desarrollo y progreso de un país se refleja también en el nivel cultural de sus habitantes y sus autoridades. Volveremos a este tema en una próxima oportunidad.