6 dic 2009

¿QUIÉN FUE NAYLAMP?

Naylamp.

¿Quién fue Naylamp?

El cronista Miguel Cabello de Balboa recogió en el siglo XVI la leyenda de Naylamp. Éste fue un misterioso rey que llegó a la costa norte dirigiendo una gran flota de balsas con su fastuosa corte y varias mujeres. Naylamp desembarcó portando una estatua sagrada, la del dios Yampallec, y en su honor construyó un templo, la Huaca Chotuna, cerca del río Lambayeque. 





Según Federico Kaufman Doig, Naylamp fue el fundador legendario del reino Sicán (en el siglo IX d.C.) y al morir fue divinizado por sus hijos. Estos contaron que Naylamp era inmortal y que utilizando grandes alas se fue volando rumbo al cielo. La dinastía fundada por Naylamp gobernó los ricos valles de Lambayeque hasta que el Imperio Chimú conquistó la región en el siglo XV. 

Los orfebres de la cultura Sicán representaron a Naylamp en los famosos tumis o cuchillos ceremoniales, donde aparece con figura antropomorfa, alas extendidas y rico atuendo.


4 dic 2009

SIMÓN BOLÍVAR EN ESTADOS UNIDOS

Monumento a Simón Bolívar en Oklahoma.
Foto: Pbeppler (Flickr).

Después de su famosa excursión por Italia Simón Bolívar regresó a París, se despidió de su apasionada prima Fanny du Villars y enrumbó a Venezuela, para entregarse a la causa de la independencia de Latinoamérica. Su viaje de retorno incluía una visita a Estados Unidos.

El 1 de enero de 1807 desembarcó en el puerto de Charlestown y paseó por Boston. Recorrió emocionado Nueva York, Filadelfia y Washington. Estudió los sucesos que conllevaron a la independencia de las ex colonias inglesas y se empapó de las experiencias políticas de la primera república del Nuevo Mundo. Como dice Rufino Blanco Fombona, en aquel tiempo Estados Unidos no era el imperio que es ahora, todavía se le consideraba "un lugar sagrado para los enamorados de la libertad".

En este viaje, Bolívar acentuó su admiración por George Washington, a quien llamaba "El Néstor de la Libertad". Más tarde, cuando el caraqueño ya era conocido como "El Libertador", la familia del primer presidente de EE.UU. le hizo llegar, mediante el gran La Fayette, una hermosa medalla con retrato del héroe norteamericano.

No se sabe con exactitud la fecha en que dejó Estados Unidos, es posible que haya sido en abril o mayo de 1807. Pero sin duda, su estadía fue una gran experiencia que enriqueció su formación política. En junio del mismo año Simón Bolívar ya estaba en Caracas, listo para protagonizar la lucha que completaría la libertad del Nuevo Mundo.

Monumento a Simón Bolívar en New York.
Foto: Oquendo (Flickr).

3 dic 2009

SIMÓN BOLÍVAR Y EL JURAMENTO DEL MONTE SACRO

Simón Bolívar y Simón Rodríguez en el Monte Sacro.
Imagen: Wikitrivia (Flickr).

En Francia Simón Bolívar comenzó a pensar en la independencia de su patria gracias a Humboldt, y a soñar con la gloria gracias a Napoleón. Para que el plan que germinaba en su mente y la emoción que bullía en su pecho encuentren una guía, un sendero, Bolívar decidió buscar a su antiguo maestro: Simón Rodríguez, quien en 1805 vivía en Viena. Rodríguez, admirador de Rousseau, ya era un ferviente republicano, e inculcó en su discípulo las ideas de libertad, igualdad y fraternidad, enarboladas en la Revolución Francesa. Además era un gran viajero y admirador de los libros clásicos de la antigua Roma, e invitó a su joven amigo a visitar esta bella ciudad.

El Foro Romano. Foto: Giorgio Zanetti.

Llegaron a Roma a mediados de agosto de 1805. Fue grande la emoción que sintió Bolívar al pasear por la Ciudad Eterna. La grandeza y belleza de sus monumentos trajeron a su mente a los más destacados gobernantes, legisladores, generales y artistas. También a sus inmortales luchadores sociales. Cuando ascendió al Monte Sacro recordó la rebelión de los plebeyos del año 494 a.C., cuando comenzaba la República.

Era ya tarde, Simón Bolívar admiraba el panorama y contemplaba el crepúsculo; entonces se acordó de su patria lejana, oprimida por los españoles. De pronto se dirigió a su maestro, que descansaba sentado en una piedra, y despúes de mencionar a los grandes héroes y los excecrables tiranos de la antigua Roma, le habló del Nuevo Mundo y su anheló de libertad. Entonces con gran solemnidad pronunció su famoso juramento:

“Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor y juro por mi patria que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”.