4 dic 2009

SIMÓN BOLÍVAR EN ESTADOS UNIDOS

Monumento a Simón Bolívar en Oklahoma.
Foto: Pbeppler (Flickr).

Después de su famosa excursión por Italia Simón Bolívar regresó a París, se despidió de su apasionada prima Fanny du Villars y enrumbó a Venezuela, para entregarse a la causa de la independencia de Latinoamérica. Su viaje de retorno incluía una visita a Estados Unidos.

El 1 de enero de 1807 desembarcó en el puerto de Charlestown y paseó por Boston. Recorrió emocionado Nueva York, Filadelfia y Washington. Estudió los sucesos que conllevaron a la independencia de las ex colonias inglesas y se empapó de las experiencias políticas de la primera república del Nuevo Mundo. Como dice Rufino Blanco Fombona, en aquel tiempo Estados Unidos no era el imperio que es ahora, todavía se le consideraba "un lugar sagrado para los enamorados de la libertad".

En este viaje, Bolívar acentuó su admiración por George Washington, a quien llamaba "El Néstor de la Libertad". Más tarde, cuando el caraqueño ya era conocido como "El Libertador", la familia del primer presidente de EE.UU. le hizo llegar, mediante el gran La Fayette, una hermosa medalla con retrato del héroe norteamericano.

No se sabe con exactitud la fecha en que dejó Estados Unidos, es posible que haya sido en abril o mayo de 1807. Pero sin duda, su estadía fue una gran experiencia que enriqueció su formación política. En junio del mismo año Simón Bolívar ya estaba en Caracas, listo para protagonizar la lucha que completaría la libertad del Nuevo Mundo.

Monumento a Simón Bolívar en New York.
Foto: Oquendo (Flickr).

3 dic 2009

SIMÓN BOLÍVAR Y EL JURAMENTO DEL MONTE SACRO

Simón Bolívar y Simón Rodríguez en el Monte Sacro.
Imagen: Wikitrivia (Flickr).

En Francia Simón Bolívar comenzó a pensar en la independencia de su patria gracias a Humboldt, y a soñar con la gloria gracias a Napoleón. Para que el plan que germinaba en su mente y la emoción que bullía en su pecho encuentren una guía, un sendero, Bolívar decidió buscar a su antiguo maestro: Simón Rodríguez, quien en 1805 vivía en Viena. Rodríguez, admirador de Rousseau, ya era un ferviente republicano, e inculcó en su discípulo las ideas de libertad, igualdad y fraternidad, enarboladas en la Revolución Francesa. Además era un gran viajero y admirador de los libros clásicos de la antigua Roma, e invitó a su joven amigo a visitar esta bella ciudad.

El Foro Romano. Foto: Giorgio Zanetti.

Llegaron a Roma a mediados de agosto de 1805. Fue grande la emoción que sintió Bolívar al pasear por la Ciudad Eterna. La grandeza y belleza de sus monumentos trajeron a su mente a los más destacados gobernantes, legisladores, generales y artistas. También a sus inmortales luchadores sociales. Cuando ascendió al Monte Sacro recordó la rebelión de los plebeyos del año 494 a.C., cuando comenzaba la República.

Era ya tarde, Simón Bolívar admiraba el panorama y contemplaba el crepúsculo; entonces se acordó de su patria lejana, oprimida por los españoles. De pronto se dirigió a su maestro, que descansaba sentado en una piedra, y despúes de mencionar a los grandes héroes y los excecrables tiranos de la antigua Roma, le habló del Nuevo Mundo y su anheló de libertad. Entonces con gran solemnidad pronunció su famoso juramento:

“Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor y juro por mi patria que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”.

2 dic 2009

¿EXISTIÓ EL INDIO JUAN DIEGO?

El indio Juan Diego y la Virgen de Guadalupe. Dibujo: C . Beny (Deviantart).

Dudas sobre la existencia del indio Juan Diego 

Según la versión de la Iglesia Católica, el indio azteca Cuauhtlatoatzin ("el que habla como águila") nació en la Cuautitlán, Estado de México, en 1474. Siempre se dedicó a la agricultura, y se casó con una indígena de su pueblo, pero nunca tuvo hijos. En la década de 1520 su pueblo fue conquistado por los españoles y evangelizado por los franciscanos, quienes lo bautizaron como Juan Diego.

Seguiendo la tradición religiosa, en la mañana del 9 de diciembre de 1531, Juan Diego pasaba por el cerro Tepeyac, rumbo a la iglesia de Tlatelolco, cuando se la apareció la Virgen María "en medio de un arco iris, ataviada con esplendor celestial" y le habló en náhuatl, la lengua de los aztecas. Ella le dijo que era la madre de Dios y que deseaba que le contruyan un templo en aquel lugar. El indio le contó lo que vio y escuchó al obispo Juan de Zumárraga, pero éste le pidió alguna señal o prueba de lo que afirmaba. Entonces Juan Diego volvió al cerro y la Virgen le dijo que cogiera unas rosas de lo alto del cerro y las lleve en su ayate o manto al sacerdote. Cuando el indio extendió el manto ante Zumárraga apareció la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Desde entonces Juan Diego vivió custodiando el "milagroso ayate" en una ermita que el obispo mandó construir en el cerro Tepeyac. Hasta su muerte relataba las apariciones de la Virgen María a sus paisanos y los cada vez más numerosos peregrinos. Falleció el 30 de mayo de 1548, cuando tenía la edad de 74 años.

Los datos anteriormente mencionados se basan en un relato de Luis Lasso de la Vega, escrito en 1646. Pero la veracidad de este sacerdote criollo ha sido seriamente cuestionada, ya que en 1531 el fraile Zumarraga todavía no era obispo, y además nunca escribió algún testimonio de las apariciones marianas hasta que murió en 1548. Hay investigadores que sostienen que todo lo que Lasso de la Vega contó de Juan Diego y la "milagrosa aparición" fue producto de su imaginación. Afirman que la Virgen de Guadalupe mexicana fue obra del pintor indígena Marcos Cipac, encargada por el obispo Alonso de Montufar a comienzos de 1550. Así lo reconoció en 1556 fray Francisco de Bustamante, cabeza provincial de los franciscanos en México.

A pesar de las razonables dudas sobre su existencia el Papa Juan Pablo II beatificó a Juan Diego Cuauhtlatoatzin el año 2000, y lo proclamó Santo el 31 de Julio de 2002.