2 dic 2009

¿EXISTIÓ EL INDIO JUAN DIEGO?

El indio Juan Diego y la Virgen de Guadalupe. Dibujo: C . Beny (Deviantart).

Dudas sobre la existencia del indio Juan Diego 

Según la versión de la Iglesia Católica, el indio azteca Cuauhtlatoatzin ("el que habla como águila") nació en la Cuautitlán, Estado de México, en 1474. Siempre se dedicó a la agricultura, y se casó con una indígena de su pueblo, pero nunca tuvo hijos. En la década de 1520 su pueblo fue conquistado por los españoles y evangelizado por los franciscanos, quienes lo bautizaron como Juan Diego.

Seguiendo la tradición religiosa, en la mañana del 9 de diciembre de 1531, Juan Diego pasaba por el cerro Tepeyac, rumbo a la iglesia de Tlatelolco, cuando se la apareció la Virgen María "en medio de un arco iris, ataviada con esplendor celestial" y le habló en náhuatl, la lengua de los aztecas. Ella le dijo que era la madre de Dios y que deseaba que le contruyan un templo en aquel lugar. El indio le contó lo que vio y escuchó al obispo Juan de Zumárraga, pero éste le pidió alguna señal o prueba de lo que afirmaba. Entonces Juan Diego volvió al cerro y la Virgen le dijo que cogiera unas rosas de lo alto del cerro y las lleve en su ayate o manto al sacerdote. Cuando el indio extendió el manto ante Zumárraga apareció la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Desde entonces Juan Diego vivió custodiando el "milagroso ayate" en una ermita que el obispo mandó construir en el cerro Tepeyac. Hasta su muerte relataba las apariciones de la Virgen María a sus paisanos y los cada vez más numerosos peregrinos. Falleció el 30 de mayo de 1548, cuando tenía la edad de 74 años.

Los datos anteriormente mencionados se basan en un relato de Luis Lasso de la Vega, escrito en 1646. Pero la veracidad de este sacerdote criollo ha sido seriamente cuestionada, ya que en 1531 el fraile Zumarraga todavía no era obispo, y además nunca escribió algún testimonio de las apariciones marianas hasta que murió en 1548. Hay investigadores que sostienen que todo lo que Lasso de la Vega contó de Juan Diego y la "milagrosa aparición" fue producto de su imaginación. Afirman que la Virgen de Guadalupe mexicana fue obra del pintor indígena Marcos Cipac, encargada por el obispo Alonso de Montufar a comienzos de 1550. Así lo reconoció en 1556 fray Francisco de Bustamante, cabeza provincial de los franciscanos en México.

A pesar de las razonables dudas sobre su existencia el Papa Juan Pablo II beatificó a Juan Diego Cuauhtlatoatzin el año 2000, y lo proclamó Santo el 31 de Julio de 2002.

ANTIGUA BASÍLICA DE LA VIRGEN DE GUADALUPE (FOTOS)

Fotos de la Antigua Basílica de la Virgen de Guadalupe, en Ciudad de México, construido en los siglos XVI y XVII. Hace dos años se inauguró el monumento al Papa Juan Pablo II, quien canonizó al indio Juan Diego en el año 2000.

Foto: José Azcona (Flickr).

Foto: Proggie (Flickr).


Foto: Proggie (Flickr).



Foto: Demccain (Flickr).

Foto: Proggie (Flickr).

1 dic 2009

SIMÓN BOLÍVAR Y LA CORONACIÓN DE NAPOLEÓN BONAPARTE

Simón Bolívar.
El 2 de diciembre de 1804, Napoleón Bonaparte fue coronado Emperador en la Catedral de Notre Dame, en París. El Gran Corso estaba en el apogeo del poder y la gloria, ovacionado por millones de franceses que lo veían como el máximo salvador de la patria. El venezolano Simón Bolívar, de 21 años de edad, asistió a la ceremonia y quedó impactado por la ferviente aclamación que el pueblo galo prodigó a su héroe.
Más tarde confesó que este episodio influyó decisivamente en su impetuosa personalidad. Al fin había encontrado un paradigma y un destino para su vida.

Después de lograr la libertad de Gran Colombia, Perú y Bolivia, en una carta a su amigo francés Luis De Lacroix, Simón Bolívar escribió: "Vi en París, en el último mes del año 1804, el coronamiento de Napoleón: aquel acto o función magnífica me entusiasmó, pero menos su pompa que los sentimientos de amor que un inmenso pueblo manifestaba al héroe francés; aquella efusión general de todos los corazones, aquel libre y espontáneo movimiento popular excitado por las glorias, las heróicas hazañas de Napoleón, vitoreado en aquel momento, por más de un millón de individuos, me pareció ser para el que obtenía aquellos sentimientos, el último deseo, como la última ambición del hombre. La corona que se puso Napoleón en la cabeza me pareció una cosa miserable y de estilo gótico: lo que me pareció grande fue la aclamación universal y el interés que inspiraba su persona. Esto, lo confieso, me hizo pensar en la esclavitud de mi país y en la gloria que cabría al que lo libertase".