29 may 2009

29 DE MAYO DE 1909: HACE 100 AÑOS EN EL CENTRO DE LIMA

Augusto Bernardino Leguía Salcedo (1863-1932) se hizo más popular con su célebre respuesta a los golpistas: "¡No firmo!".

Hoy se cumple 100 años del intento golpista de Carlos de Piérola y sus sobrinos Amadeo e Isaías de Piérola, quienes secuestraron el presidente Augusto B. Leguía para obligarle a firmar su renuncia. Amenazaron con matarlo, pero no consiguieron su propósito. Después de ser rescatado, Leguía decretó que cada 29 de mayo se celebre el "Día del Carácter".

Encontré una interesante crónica de lo que pasó aquel convulsionado día en el centro de Lima.

La revolución del 29 de mayo
Raúl Graham

De un certero disparo mataron al soldado que custodiaba Palacio de Gobierno. Luego irrumpieron pistola en mano y a empujones sacaron al presidente hasta la Plaza Mayor. Era las 2 de la tarde y la gente descansaba tras el almuerzo sabatino.

Carlos, Amadeo e Isaías de Piérola decidieron ese 29 de mayo de 1909 que no podían tolerar más a Augusto Bernardino Leguía como presidente. Por eso, armaron su propia revolución para sacarlo del Gobierno. Al jefe de Estado, ahora rehén, se sumó voluntariamente el ministro de Justicia y Culto, Manuel Vicente Villarán. Un fornido moreno acompañaba a los revolucionarios que, escopeta en mano, estaba listo para asestar un disparo a Leguía apenas los Piérola lo ordenaran.

¡Hacia Mercaderes!, gritó Amadeo antes de empujar a Leguía, quien se mantenía sereno. Luego llegaron a Espaderos, La Merced, después a Baquíjano… ¿A dónde llevaban al presidente? Leguía tenía su mansión en la calle Divorciadas. Los Piérola pensaron en trasladarlo hasta allí y obligarlo a firmar su renuncia.

Un silencio sepulcral reinaba en la ciudad. Nadie apoyaba la revolución. La gente se escondía en sus casas. Los Piérola no sabían qué hacer con Leguía. ¿Matarlo? ¿A dónde llevarlo?

Al grupo se sumó un decidido reportero. Era Enrique Moral de la revista Variedades de la calle Mercaderes, quien cámara en mano fotografiaba las dramáticas escenas. Los Piérola habían decidido dirigirse finalmente a la plazuela de la Inquisición. Allí el valiente reportero instaló su trípode.

Variedades había sido fundada un año antes por el hermano de Enrique, Manuel Moral y Vega, fotógrafo portugués, quien encargó la dirección del medio a Clemente Palma, hijo del célebre tradicionalista peruano, retirado ya en el pueblo de Miraflores.

Dos horas estuvieron los Piérola exigiendo a Leguía que firmara su renuncia al pie del monumento al Libertador Simón Bolívar. El presidente se negaba y parecía no temer al fornido zambo de los Piérola, ávido de desplomarle un balazo en la sien.

El “no firmo” haría más popular a Leguía, quien al caer la tarde veía cómo un subteniente y 19 soldados de caballería irrumpían en la Plazuela disparando a matar. Rescatado Leguía, regresó en olor de multitud a Palacio, pero la revuelta había dejado al menos 15 muertos en las calles de Lima, la fuga de los Piérola y el cadáver de Moral muy cerca del museo de la Inquisición.

El reportero de Variedades había muerto de un disparo en el pecho mientras cubría el rescate del presidente en medio del fuego indiscriminado de los soldados. Sus fotos quedarían para la posteridad al final de tan trágica jornada. Ese 29 de mayo de 1909 el Perú tuvo su primer mártir del fotoperiodismo.

El gobierno de Leguía desencadenó entonces una violenta represión contra sus opositores. Muchos de ellos huyeron, otros fueron apresados y purgaron prisión.

Incluso el “Califa”, Nicolás de Piérola, de quien cuentan los historiadores, no estuvo comprometido en los hechos de violencia cometidos ese día por su hermano e hijos, pasó a la clandestinidad. Cuentan que estuvo oculto en una casa de la calle de Plateros de San Pedro y que el Gobierno sabía de su paradero, pero por estrategia política (Piérola era muy popular) prefirió no detenerlo y dejarlo escondido.

El respiro para los implicados en la revuelta del 29 de mayo no llegaría hasta setiembre de 1911 cuando el Senado aprobó el tan esperado Proyecto de Amnistía. Entonces la venerable figura de don Nicolás retornó al templo de San Pedro a escuchar la misa de doce, para luego ser llevado por el pueblo en hombros a su casa de la calle El Milagro. Pero esa ya es otra historia…

28 may 2009

DESCUBREN CAÑON DE LA BATALLA DE MIRAFLORES

El cañón fue usado por los defensores de Lima en la batalla de Miraflores (15-01-1881). En la imagen se ve a los chilenos posando con su trofeo de guerra.
Foto: "La Guerra de nuestra memoria".

Por el periodista Renzo Babilonia me entero que a comienzos de mayo se descubrió en el centro de Miraflores un histórico cañón usado por los peruanos en la heróica resistencia del 15 de enero de 1881:

El cañon Dahlgren fue hallado cuadra 4 de la calle Shell, durante la construcción de un edificio de departamentos. El día de la batalla se ubicaba entre el Reducto No.1 y el No.2 de la línea de defensa de Miraflores. El diámetro del cañón era de 11 pulgadas.

El cañón va a ser restaurado por la Brigada Naval del Perú y exhibido como recuerdo de la resistencia Miraflorina como parte de la defensa de Lima en enero de 1881. Es un hallazgo realmente extraordinario.

Aquí tenemos la fotografía del hallazgo captada por la "Brigada Naval Combatientes del Pacífico":


En el blog Rastros de Guerra el investigador Juan Carlos Flórez Granda nos cuenta que los chilenos volaron el cañón después de capturarlo. Un marino inglés de aquella época lo registró así en una acuarela:


Y esta es una foto reciente del cañón descubierto:


Estas imágenes nos hacen recordar los primeros días de 1881, con los peruanos empujando las escasas piezas de artillería a la zona de los "reductos" de Miraflores, muchos de ellos eran todavía adolescentes y murieron al pie del cañón tratando de evitar que Lima caiga en poder de los chilenos.

27 may 2009

EL INCA GARCILASO Y LA CIUDAD DE LISBOA

Plaza de Figueira en Lisboa. En esta ciudad se publicó por primera vez los "Comentarios Reales" del Inca Garcilaso de la Vega, hace 400 años. Foto: Rocío Ortega

Garcilaso, Lisboa y los Comentarios Reales (1)
TEODORO HAMPE MARTÍNEZ

El Inca Garcilaso de la Vega mantuvo una relación especial con la ciudad de Lisboa, la bella capital portuguesa ubicada a orillas del Tajo. Esta no solo le sirvió como puerta de acceso al continente europeo, cuando llegó en 1560 animado por el afán de reivindicación material y crecimiento espiritual, sino que también constituyó el lugar donde dio a publicidad sus obras más importantes: la Florida del Inca (1605) y los Comentarios Reales de los Incas (1609).

Ambas obras se editaron en la casa tipográfica de Pedro Craesbeeck (1572-1632), un flamenco que se había afincado en Lisboa en los años finales del siglo XVI y que inició un linaje de editores de notable éxito comercial. Me parece que es interesante explorar esta relación particular, pues el hecho de publicar esos famosos libros en una corte real como Lisboa no fue meramente casual.

Ante todo, debemos tener en cuenta que aquellos eran los años de la unión de las coronas de España y Portugal, producida en 1580 tras la muerte de Sebastián I, último monarca de la casa de Avis, y la ascensión al trono de su tío, Felipe II. Se puede emplear con todo acierto la figura de la "doble monarquía", que rigió también para el Imperio austro-húngaro hasta comienzos del siglo XX. Publicar en Lisboa significaba salir en letras de molde en una de las capitales del reino, lo cual garantizaba sin duda la atención de los poderosos y una buena plataforma de distribución editorial.

Se ha especulado con cierta exageración sobre las características que compartían Pedro Craesbeeck y el Inca Garcilaso como migrantes en busca de mejor fortuna. Quizás esto pudiera haber influido en lograr una relación armónica y fluida entre ambos personajes. Pero más importante es el hecho de la buena acogida que recibió el escritor mestizo en la corte de los duques de Braganza, quienes le admitieron con magnanimidad y facilitaron la obtención de las licencias civiles y eclesiásticas necesarias para imprimir sus escritos sobre tema americano.

En la dedicatoria de la Florida del Inca, dirigida a Teodosio II de Braganza, Garcilaso expresa sinceramente su deuda de gratitud con la gente lusitana. Y hay que tomar en cuenta que la primera parte de los Comentarios Reales, aquella que trata de la historia y gobierno de los Incas, también está dedicada a un personaje de la realeza lusitana: Catalina de Portugal (madre de Teodosio). Pedro Craesbeeck logró el privilegio de ser nombrado impresor de la Casa Real, con lo cual su firma se presentaba inmejorable para los propósitos de Garcilaso y cualquier otro escritor que quisiera alcanzar la anhelada trascendencia.

Es bien sabido el hecho de que la empresa literaria del Inca se truncó con su muerte en la ciudad de Córdoba, el 23 de abril de 1616. Al hacerse el inventario de sus bienes, se encontraron en su casa unos 500 ejemplares sueltos de los Comentaros Reales editados en Lisboa. Es obvio pensar que el autor se hallaba a la expectativa de lanzar conjuntamente la primera y la segunda parte de su obra, pero esta última solo pudo ver la luz la póstumamente, bajo el título de Historia General del Perú, y en la imprenta cordobesa de la viuda de Andrés Barrera.

La Embajada del Perú en Portugal ha tenido el acierto de conmemorar este cuarto centenario con un acto público al pie de la estatua de Garcilaso en Lisboa, ubicada en el Campo dos Mártires da Pátria. Más allá de la conmemoración simbólica, es importante reflexionar sobre las relaciones especiales que nuestro insigne escritor mantuvo con la capital portuguesa y con un establecimiento famoso como el de Craesbeeck, que garantizó la perdurable vigencia de su legado intelectual.

(1) Publicado en el diario La Industria, Trujillo, 2 de mayo de 2009, núm. 41.527, p. A2.