31 jul 2006

CARTA DEL SANTO DE LA ESPADA

Acabo de leer el artículo del historiador y profesor Frank Samaniego y veo que no soy su personaje favorito. Desde hace tres décadas que leo y escucho muchas críticas a mi desempeño como soldado y gobernante en la lucha por la independencia del Perú, pero es la primera vez que en un artículo de internet me llaman "títere de la burguesía gaucha y chilena". Guardo un gran afecto por los peruanos, quienes me honraron recientemente eligiéndome en una encuesta como el héroe extranjero más querido en su país; en consideración a ellos escribo esta carta respondiéndo a quienes me acusan de espúreas motivaciones y maquiavélicas negociaciones durante mi campaña en el País de los Incas.

Desde 1813 en que me incorporé a la causa de la libertad americana luché con lealtad y convicción. Puse mi espada al servicio del gobierno patriota de Buenos Aires y estuve a punto de morir en la batalla de San Lorenzo. Organizé el Ejército de los Andes y cruce la Cordillera dejando a mi amada esposa y pequeña hija. No lo hice por ganar millones, aunque si confieso que tenía sed de honor y gloria. No niego que los intereses comerciales británicos y bonaerenses empujaban la guerra contra los españoles ni que los soldados buscáramos el bienestar económico y el de nuestras familias; pero puedo asegurarles que quienes luchamos aquellos años anhelabamos destruir la despótica dominación hispánica en América para que los más virtuosos e ilustrados construyan una patria donde se goce de cada vez más libertad y fraternidad. Sí, teníamos ideales, aunque después quedamos decepcionados.

Muchos en el Perú me reprochan que no haya hecho la guerra a muerte a los españoles como me exigía Lord Cochrane. Solo les puedo responder que pretendía que su país tenga una transición con la menor destrucción material y derramamiento de sangre peruana posibles. No olvidemos que el grueso de las tropas y milicias coloniales estaban conformadas por criollos, mestizos, indígenas y mulatos nacidos en el Perú. Incluso muchos de los criollos y mestizos más ilustres y preparados eran partidarios de la continuidad del régimen virreinal. Me sorprende escuchar a muchos profesores peruanos que me critican por no haber ordenado un ataque total a Lima con mi ejército, las guerrillas indígenas y los negros fugados, o por no haber aniquilado a las tropas de La Serna en su retirada a la sierra. A ellos les pregunto: qué ganaba el Perú si mis tropas argentino-chilenas destruían su bella capital o permitía que las partidas de montoneros y esclavos fugados masacren a los limeños. De tales hechos, estoy seguro, no iba nacer un orden más justo y democrático.

Les puedo asegurar que durante mi Protectorado trabajé incansablemente por organizar el nuevo Estado, buscando consensos entre los peruanos más preparados. También traté, con todos los medios disponibles, de derrotar al virrey La Serna. Tareas titánicas, comprenderán, ya que la división entre los mismos peruanos era impresionante; me desbordó ... lo reconozco. Por otro lado, las tropas coloniales aún eran muy poderosas y cohesionadas y contaban con el apoyo de muchísimos peruanos.

Me critican mucho también que haya pretendido instaurar una Monarquía Constitucional en el Perú. Les puedo asegurar que no lo hice con el maquiavélico plan de perpetuar injusticias y abusos. Lo hacía por evitar que la anarquía y la guerra civil destruyan el país en las luchas por el poder inherentes a las repúblicas semifeudales de Latinoamérica. Además, los mismos rebeldes peruanos que combatieron con Túpac Amaru II, los hermanos Angulo y Mateo Pumacahua buscaban implantar una monarquía en el Perú. Si busqué que el monarca fuese europeo lo hice convencido que la alianza con una de las casas reales del Viejo Mundo garantizaría la protección y estabilidad que el nuevo estado necesitaba.

No voy a hacer un listado de los aportes positivos de mi gobierno que solo duro un año. Ustedes, los profesores e historiadores, conocen sus logros y limitaciones. Sé que tuve muchos errores, que los peruanos tienen derecho a reprocharme varios desaciertos, pero también confío en que los estudiosos me juzguen en mi época y en mi cotexto. Trataré de seguir respondiendo. Por ahora debo despedirme, Simón Bolívar y Agustín Gamarra quieren pelear de nuevo. Voy a separarlos.

Hasta pronto.

José de San Martín

(Texto: Arturo Gómez)

29 jul 2006

MENSAJE A LA NACIÓN. QUERIDOS COMPATRIOTAS...

Por Frank Samaniego

El 28 de Julio algunos peruanos celebran la independencia de nuestro país, pero para otros carece de significado porque las "fiestas" siempre suelen estar confundidas con desfiles, circos y payasada electoral. Lo cierto es que en las escuelas, en el colmo de la audacia, algunos profesores de historia del Perú suelen engañar al decir que con las mágicas palabras de San Martín, habríamos logrado la independencia nacional.

Un día como hoy Lima se vistió de rojo y blanco para que entre brindis, comilongas y causas rellenas, se declare por la "voluntad general de los pueblos" la libertad de todos los peruanos. La verdad era que, en ese momento, Lima estaba sitiada por las guerrillas indígenas a quienes San Martín y La Serna detestaban como enemigos ancestrales. No olvidemos tampoco que nunca hubo voluntad general porque los criollos de Lima sólo aceptaron la independencia en su desesperación por orden y paz, solo garantizados por las tropas de San Martín luego del retiro de la Serna al Cusco.

El viajero inglés Basi Hall, narra el horror de los limeños realistas en aquellos días de Julio "... no era solamente de los esclavos de la plebe que tenían miedo, sino de la multitud de indios armados que rodeaban la ciudad, quienes eran guerrilleros salvajes e indisciplinados que podían entrar a la plaza tan pronto la evacuasen los españoles. Estos indios estaban tan cerca que podíamos verlos trepados en los altos cerros que caen en la ciudad..."

La entrevista de Punchauca entre San Martín y el virrey La Serna , antes de su huída al Cusco, demuestra el papel que jugo San Martín de títere de las burguesías gaucha y chilena que, si bien creía en los principios de paz y fraternidad de la ilustración, no quería decir que tenía el propósito de liberar a la plebe india y negra ni mucho menos lograr la justicia social. Por eso el generalísimo propuso la instauración de una monarquía constitucional para lograr el continuismo de división de clases. La monarquía era lo único que les cuadraba para un Perú con el "problema del indio" cuya expresión revolucionaria la habían sufrido con las rebeliones de Túpac Amaru en 1780 y de Mateo Pumacahua en 1814.

A petición del Virrey, San Martín ordena a las guerrillas abrirle campo a los realistas para su huída al Cusco a través de Arenales. Así evitarían que las guerrillas indígenas ingresen a sangre y fuego, tal como lo hicieron en 1536 durante el cerco de Lima dirigido por Kisu Yupanqui, general de Manco Inca.

El 28 de julio la celebración fue al puro estilo virreinal, estaban los prelados de la Iglesia impuestos por Valverde y Luque, los titulados de Castilla, los oidores de la Real Audiencia, los regidores del Cabildo, el Conde de San Isidro, el Marqués de Montemira, el Conde de la Vega. Ese cortejo se desplazó solemnemente hasta el tabladillo de la Plaza Mayor, donde el generalísimo dio el discurso ya conocido invocando a la justicia, al pueblo y a Dios.

San Martín ratificó como autoridades a los realistas porque le estremecía el solo pensar la posibilidad de un resurgir del Perú profundo cuyo fundemantalismo le era tan indigerible como el rostro feroz de Túpac Catari. Por eso los dos primeros presidentes Riva Agüero y Torre Tagle mueren "vivando por España" uno en el exilio y el otro en el Real Felipe, para evitar la persecución de Bolívar que había traido el sistema capitalista inglés, el cual no encajaba en la cabeza feudal de nuestros primeros mandatarios.

Iniciada la República, los criollos en el poder, con su respectiva representación militar reconocerán el 28 de Julio como el "DÍA DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL" cuando fue apenas un discurso vano que nos costaría tres años más de guerra; en todo caso el 9 de diciembre tendría más mérito. Huelga decir que San Martín no peleó ni una sola batalla porque quería ganarase a la aristocracia limeña; a pesar que el mercenario Cochrane, contratado por Chile, le propuso casi hasta el cansancio la necesidad de irrumpir de manera violenta para despertar a las masas, con el único objetivo de ver destruido Lima y Callao en beneficio de Chile y Valparaiso.

Definitivamente la verdadera independencia aún no se logra. Y de lograrse se tendría que tirar abajo a casi todos los monumentos republicanos y, si bien, como dicen algunos, la tradición debe imponerse, entonces habría que flagelar primero a tanto cucufato que siga diciendo FELICES FIESTAS PATRIAS.

13 jul 2006

LA IMPORTANCIA DE LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA EN LA ESCUELA

Por Eddy Romero

"La historia emula del tiempo, deposito de las acciones, testigo
de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir."
Cervantes

Bajo un contexto de una sociedad postmoderna, que ha reemplazado la reflexión histórica y filosófica por la simple lectura de relatos periodísticos y libros de autoayuda, creemos imprescindible rescatar la importancia de la historia, como materia fundamental en la formación de los estudiantes que se aproximan al campo de las ciencias sociales. Bajo esta línea de reflexión nos proponemos demostrar, a través de diversos argumentos (educativos, psico-cognitivos, socio-culturales y hasta políticos), el porque, el curso de historia, es de significativa importancia, en el currículum que se aplica en las escuelas.

La presencia de la asignatura de historia en la educación se justifica por muchas y variadas razones y se pueden resumir en las siguientes:

Permite una mejor comprensión del presente de la sociedad, sin duda el estudio de nuestro pasado histórico, es el método más eficaz para explicar la estructura de la sociedad actual.

Desarrolla un profundo sentido crítico, en la medida que la historia nos facilita un marco de referencia donde situar los problemas sociales, explicando sus causas próximas y lejanas (inmediatas y estructurales), de los hechos, desarrollando así una plena conciencia ciudadana.

Aproxima al estudiante a la metodología de la investigación científica, a través del empleo de fuentes, y el uso crítico de la información, y la formulación de hipótesis. Tarea que desarrolla todo historiador, y que puede ser simulada en el aula hasta cierto punto.

Contribuye al desarrollo de las facultades cognitivas, mediante la comprensión de categorías de cierta complejidad como las de tiempo histórico y tiempo social, lo que deriva del uso del pensamiento abstracto formal al mas alto nivel.

Desarrolla en el alumno un sentido de identidad nacional y cultural, procurando consolidar una concepción adecuada de nación, y enfatizando nuestras posibilidades como país, a partir de nuestra diversidad cultural.

Permite el estudio de otras culturas y realidades sociales, sobre todo a partir de la incorporación de contenidos antropológicos y sociológicos, de los cuales se vale la ciencia histórica, para la construcción del conocimiento.

Enriquece las facultades de análisis, síntesis e inferencia, además de desarrollar la capacidad de formulación de teorías explicativas. La historia como materia escolar, nos acerca al método histórico, lo que supone el uso de conceptos de causalidad y multicausalidad, estructuras (políticas, económicas, sociales, mentales), diacronía, sincronía, coyunturas, cambios y continuidades, etc. Todo ello ayudara al estudiante, en su desenvolvimiento en todo el campo de las ciencias sociales.

Como puede apreciarse, el valor formativo de la historia esta plenamente justificado, por diversos criterios ( epistemológicos, educativos y sociales.), lo que debe ayudar a rescatar a la historia, de ser una simple materia adoctrinadora o ideologizadora, como hasta ahora han pretendido las autoridades políticas.

El verdadero valor de esta materia, radica en ser un inmejorable laboratorio de análisis del pasado histórico, ayudándonos a comprender la complejidad de las relaciones al interior de la sociedad actual, y posibilitar la conservación de una valiosa memoria histórica común.