15 julio 2009

EL ACTA DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ

El Acta de la Independencia del Perú se conserva en la Municipalidad de Lima. Foto: Sirobert

Un día como hoy, el 15 de julio de 1821, los limeños firmaron el Acta de la Independencia que redactó el abogado arequipeño Manuel Pérez de Tudela.

El 12 de julio don José de San Martín había ingresado a Lima, y el día 14 entró su Ejército Unido de los Andes. El domingo 15, por pedido del líder argentino, el alcalde Conde de San Isidro reunió a los vecinos en cabildo abierto para que firmen el importante documento que decía: “Todos los señores concurrentes por sí y satisfechos de la opinión de los habitantes de la Capital dijeron: Que la voluntad general está decidida por la independencia del Perú y de la dominación española y de cualquiera otra extranjera”.

En la primera página firmaron las personas más ricas y poderosas de la Ciudad; al final la rubricaron 3504 personas de diversos sectores sociales. La gran mayoría firmó por miedo a las tropas de ocupación. Otros, por ambición de recompensas y nombramientos. También había gente de elevado espíritu patriota. Se sabe de españoles y criollos que se escondieron para no firmar el Acta, temerosos de las represalias del Virrey cuando recuperase Lima.

Al respecto, el historiador Timothy Anna, en La caída del gobierno español del Perú, escribe: “Además, dos semanas después de la Declaración de la independencia cuarenta y tres de los sesenta y cuatro miembros del Consulado huyeron. Solo diecisiete de los miembros del Consulado firmaron la Declaración”. También señala que
“muchas personas prominentes firmaron la Declaración de Independencia y posteriormente huyeron del país ... Mas aún, de los que firmaron la Declaración de Independencia, muchos retornaron al bando realista”.

Todo esto nos confirma el rechazo de gran parte de limeños de clase dominante a la causa separatista. Ante la incertidumbre y el miedo, la aristocrática Capital del Perú, aquel 15 de julio de 1821, no tuvo otra opción que acatar los designios del jefe argentino don José de San Martín.

5 Comentarios:

At 9:45 AM, Blogger Juan said...

Una pregunta ¿el sentido españolista era interclasista? o ¿era sólo de la oligarquía limeña? En otras palabras ¿el españolismo era solo blanco y de una parte de los criollos, o también los indios y mestizos eran españolistas en la misma proporción que los ricos?
Saludos.

 
At 12:58 PM, Blogger Arturo Gómez Alarcón said...

En general, el españolismo era predominante en la clase alta; en los sectores medios y populares prevalecía el sentimiento separatista.

 
At 1:22 PM, Blogger Daniel Rengifo said...

Yo diria que los unicos que como clase se unieron a la causa republicana fueron los negros. por que tanto españoles, criollos, e indios estuvieron divididos, casi de forma pareja, tanto para el lado realista como para el separatista.
Los negros, en cambio, como grupo social, estuvo de parte de la independencia, ya que ellos querian su libertad, y creian que mediante esta lo lograrian.

 
At 3:25 PM, Blogger Arturo Gómez Alarcón said...

De los "chapetones" yo diría que casi todos eran realistas. Sobre los negros es la entrada de mañana. Saludos Daniel.

 
At 5:48 PM, Blogger Roberto Bárcena said...

Contra lo que nos muestran las estampitas de los libros escolares, la proclamación de la independencia del Perú fue nada más que una payasada.

El ejército y la escuadra que llegaron de Chile no intentaron en ningún momento tomar Lima por la fuerza, como sí hicieron en 1881.

Desembarcaron en Pisco en setiembre de 1820 y durante casi 10 meses esperaron que los realistas se fueran por agotamiento. Tal era el entusiasmo de los limeños por la independencia. Ante esta apatía, San Martín ante sí y por sí se proclamó dictador. Eso de que el cabildo lo nombró es cuento.

Cuando San Martín proclamó independiente al Perú, su ejército sólo controlaba la ciudad dentro de las murallas de Lima. El resto del virreynato, incluido el Callao estaba en poder de los realistas.

Esto que afirmo lo puede verificar cualquiera en los libros disponibles en Google Books, de Patricia Marks, Basil Hall y Lord Cochrane.

 

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